domingo, 20 de diciembre de 2009

WITOTADAS / Dr. Carlos Castillo Ríos


Extraemos esta interesante entrevista al maestro Carlos Castillo Ríos realizada por Elmer Rafael Castillo Díaz en su blog: http://huauco.blogspot.com

Muy pocas personas de mi familia, (creo que también de los extraños) me han impactado intelectualmente como el Señor Carlos Castillo Ríos. Le pongo mayúsculas al “señor” por una sencilla y obvia razón, es un Señor, aparte de sus demás títulos profesionales. Se recibió de abogado, profesión que nunca ejerció, no podía hacerlo, pues joven, con todas las ganas de aplicar la jurisprudencia aprendida en la universidad, vió como el papeluchero del poder judicial recibía, en el saludo, unas monedas por unos documentos que debían ser gratuitos. “Esto no es para mi”, se dijo. Como dice él, “Felizmente ya era conocido en el mundo del periodismo, me pagaban por escribir, siempre fui un haragán”.

Sentarse a escucharlo es un verdadero placer, desde niño, junto a mi padre, lo visitábamos. Adolescente, después de la muerte de mi progenitor, seguía visitándolo y él muy amable siempre me recibió en su casa, pese a esa “rebeldía” que algunos de los Castillo no aceptaban. “Papá, tiene catorce años, no puedes decir que no tiene remedio mi sobrino”, me defendía. Con toda la razón del mundo, ya había escrito “Los niños del Perú” y me entendía a la perfección, a la vez que me protegía.

Sus amigos, Juan Gonzalo Rose, Pablo Macera, Washington Delgado, Oswaldo Reynoso, y cuántos intelectuales de esos años.

No quiero alargarme en hablar de Castillo Ríos, quizá no sea muy conocido, pues su lucha social se dio dentro de los ideales socialistas, como muchos. Su lucha siempre fue por mejorar la educación, para muchos estudiosos es, el “Padre de la Educación Inicial”. A lado de Emilio Barrantes trabajaron en la Reforma Educativa.

Este agosto lo visité, en Vista Alegre, Lima, en su casa. El Alzheimer quiere visitarlo, pero se resiste, lucha contra él, su mente lúcida seguirá sorprendiéndome. Fui con una pequeña grabadora, hace mucho quería hacerle una entrevista, por fin se dio. Antes de nada quiero obviar algunas respuestas que me da de Alfonso Barrantes Lingan, por el respeto que le tengo al “Frejolito”.

Elmer: Tío, ¿desde cuándo escribe?

Carlos Castillo Ríos: Yo tuve suerte sobrino, mira, como mi padre era profesor, medio apristón, en Huánuco lo iban a meter en cana por decirles la verdad a los curas y éstos tenían poder. Felizmente el sub prefecto que era su amigo le avisó; antes que los gendarmes lleguen a la casa, nosotros estábamos viajando a Huancayo en un camión. Me matriculó en el Santa Isabel y había un periódico mural donde comencé a escribir. Le daba a mi papá mis escritos y me corregía lo que eran las comas, acentos y el tiempo. Me comenzó a gustar, porque llegué a ser el secretario de papá, lo hacía mejor que su secretario. De ahí no me acuerdo bien pero estaba en Trujillo a los dieciséis años escribiendo para un diario en esa ciudad. Allí me hice amigo de Mario Florián, Antenor Orrego lo contrató para que trabaje en la universidad. Cuando le enseñé un escrito mío, me dijo, “Carlitos, estás duro aún”. En Lima seguí escribiendo, en el diario “Última hora”.

Elmer: ¿En este diario fue donde conoció a Gonzalo Rose?
CCR.: No, ya nos conocíamos. Pero ahí trabajamos juntos. Genial, bohemio. Recuerdo que faltaba mucho al trabajo por estar de tertulia y le duraba varios días. La policía lo tenía en la mira, lo iban a arrestar; junto con los amigos del diario hicimos una colaboración y lo mandamos a México, allí recitaba y escribía poemas hermosos y novelas para una radio, el problema era que los primeros capítulos él estaba sobrio, para los siguientes tenían que inventar un final, por que Gonzalo no se aparecía, unos finales desastrosos, nadie como Gonzalo carambas. Teníamos una columna, un día escribía yo y el otro, él; un amigo me dijo en esos tiempos, “Carlos, tu escribes bien, pero Gonzalito te lleva de encuentro”, cuando no sabía que a veces le hacíamos su artículo para que no dejaran de pagarle o lo despidieran… (risas). Pero yo lo hacía con gusto, Rose era un buen hombre, un excelente poeta y un mejor amigo. Encantador Gonzalo, encantador.

Elmer: ¿Por qué cree usted que Pablo Macera llegó a ser congresista de Fujimori?
CCR.: Raro, ¿verdad? En realidad no sé mucho, pero creo, mira, tenía o tiene creo tres familias y en las tres tiene hijos. Sus libros no se vendían mucho y sus gastos eran fuertes, sus casas, mujeres, con sus hijos, estudiaban en buenas universidades y necesitaba dinero, debe haber sido por eso, el pobre ya no me visita. Qué será de él.

Elmer: ¿Cuál de sus libros le dio más afán?
CCR.: Mira sobrino, creo que todos. Cada uno tiene su inicio, sus problemas. Pero el que más investigación tiene es, “Medicina y Capitalismo”. Tenía que saber de fármacos, sus costos, tratamientos, enfermedades, estadísticas. Los médicos pensaban que yo era también galeno, porque varias veces me invitaban a dar conferencias y me trataban de doctor, no por el de Educación. Hasta que un amigo me tiró dedo, inocentemente por supuesto (risas), sí, creo que Medicina y Capitalismo fue en el que más chambeé. Los demás son referentes a lo que había estudiado, lo que sabía, mi mundo; fui el único de los amigos que fuimos a Europa (Sorbona) a estudiar que opté por los problemas de los menores, aparte de que me encantaba.

Elmer: Hábleme de Alfonso Barrantes, usted lo conoció de cerca, creo que incluso trabajó con él en la Municipalidad de Lima.
CCR.: Barrantes, fue un buen tipo, muy bromista, carismático, caía bien a las personas, en especial a Alan García... En mi despacho trabajaba Henry Pease, un joven muy educado, inteligente, respetuoso, ambicioso, le gustaba el poder, soberbio por su alcurnia, “Doctor Castillo, no le hablé así al Doctor Barrantes”, me decía muy educado él. Le decía pues, “Alfonso, mira, ahora ha triunfado el pueblo. Los teatros que difunden cultura, ahora nos pertenecen, hay que invitar a los sindicatos, los soldados, dirigentes campesinos, a los maestros”. Me decía, “Carlos, …, eso está en el papel, la realidad es otra”. O sea, siempre se veía a los generales, gente de dinero, mujeres enjoyadas, en los espectáculos culturales en los teatros de Lima. Una vez vino un cantante famoso, creo que fue Julio Iglesias. Bueno pues, el despacho se encargaba de espectáculos culturales, así que le dijimos que su presentación no era cultural y los impuestos que se recaudaba estaban de acuerdo a tan insigne personaje, se llevaba fácil un chuchunal de dinero. Ya le habían hablado a Barrantes los promotores del show, qué los impuestos eran demasiado y que su presentación era cultural, inclusive creo que habló con el mismo artista…, pagó lo que el Cholo Abanto Morales pagaba de impuestos. Ahí renuncié…, le gustaba andar en un Volskwagen destartalado, se deshacía por pedazos. Se relamía cuando un policía se acomedía a llevarlo escoltado, con el carrito que apenas andaba, la gente lo veía y decía…, “qué humilde y buen hombre es el Frejolito…,”. Perdió, creo, la brújula socialista cuando se hizo amigo de Alan. Algunas veces nos encontrábamos en alguna conferencia del SUTEP o de la Izquierda Unida, siempre le reclamaban su acercamiento con Alan, pero ya nos hablábamos mucho… ¿de qué habrá muerto?....comía mucho rocoto, no habrá sido del hígado, pobre ¿no? De todas maneras hizo buenas cosas.

Elmer: ¿Qué siente por Barrantes?
C.C.R.: Mucha pena Elmer, mucha pena. Hubiéramos hecho mucho con él.

Elmer: Olvidemos un poco las cosas desagradables y tristes, hacen mal tío. Hace unos años usted recordaba a Manuel Scorza con mucho cariño.
C.C.R.: Claro, claro. Manuelito, cómo no acordarme de él, aunque nos dejó muy joven. Era muy mentiroso, (risas), recuerdo que un grupo de peruanos viajábamos a Argentina, nos habían invitado no recuerdo a qué, pero tenía que ver con educación creo, y, en Bolivia nos encontramos con él. Venía de la Argentina. “…Pucha Carlitos, en la Argentina está botada la plata, para nosotros hay trabajo como cancha,…estoy yendo a Perú de vacaciones”. Ya me había olvidado de Manuel al llegar a la Argentina, después de las reuniones nos invitaron los amigos peruanos a un ágape. Ahí salió el nombre de Manuel. “…sí pues, tuvimos que hacerle una chanchita a Manuel, el pobre estaba sin trabajo, la vida está medio jodida por acá…así que tuvo que volver a Perú”. Escribía muy bonito, muy agradable Manuel.

Elmer: Dígame, usted con qué se queda, ¿como educador o escritor?
C.C.R.: No sé Elmer. Recién me han nombrado creo, Profesor Emérito de la Universidad de San Marcos. Me gusta enseñar, sobre todo que entiendan lo que se les enseña. Pero también eso de escribir ensayos ha sido la pasión de mi vida. Yo escribía cosas contra el Sistema, por eso estaba en la mira de los políticos abusivos, ladrones, corruptos. Varias veces he estado en cana, sí, sí. Nunca escribí en un periódico de derecha, aunque escribí en el Comercio con el mejor de los Miro Quesada, no recuerdo cómo se llamaba, pero era cultísimo y no nos pedía explicaciones de los artículos que sacábamos. Con Mohme en La República, buen hombre éste. En este diario entreviste a la aprista que era Ministra de Educación, esos años, ahora creo que sigue en un puesto importante dentro de los apristas. Una completa tonta en lo referente a Educación, y, ella, toda una doctora… Hasta la que pensé que era amiga mía, por ser de izquierda y todo eso, la Gloria Gelfer, unos adefesios. He escrito bastante, pero más articulitos, una que otra entrevista, algunos libritos. Lo curioso, te voy a mostrar un libro, que está traducido al alemán, “Educación en China”, en realidad no sé quién lo ha traducido, ni lo entiendo, pese a que Kathryn podía leerme la presentación… (sacando el texto de su estante de libros), el Alemán nunca lo entendí. Mis hijos hablan y escriben el alemán correctamente, el problema es que no les gusta leer, qué harán con mis libros estos jóvenes cuando no esté ya. Claro, ahora tampoco puedo leer, leo tres líneas y me olvido de lo que he leído, creo que es la edad sobrino…

Elmer: ¿Cómo se siente tío, a su edad qué le gustaría hacer?
C.C.R.: Ya ni sé cuántos años tengo, creo que 82. Estoy pensando ir a vivir a Huánuco. Con mi sueldito me alcanza para alquilar un cuarto, pagar a alguien que me lave, planche y haga las cosas de la casa. Pero ahora estoy acá en la casa con mi hija y mis nietos, como prisionero. Cualquier día me voy, ahí está Rafa, Vladico, y ahora que me cuentas de los amigos de Rafa, sería trome, ¿no?; me gustaría pasar mis últimos días sentado en la plaza de armas de Huánuco, con ese clima tan hermoso y su gente tan linda, de sólo escucharlos con el tonito huanuqueño me siento feliz. Los que me conocen siempre me invitan a hablar en las reuniones, siempre están los mismos viejitos de siempre, algunos se quedan dormidos (risas), a la juventud no le interesa nada de temas antiguos.

Elmer: ¿Y la Universidad en Huánuco tío, qué paso?

C.C.R.: Terrible, sobrino. Me fuí con todas las ganas de hacer algo nuevo, aplicar lo que uno ha aprendido. Pero ví que todo se volvía comercial, todo era plata. Habían policías que estudiaban Derecho, nunca se los veía, pero aprobaban. Había un tal Ocampo, creo, ese lo fundió todo. Me retiré, me cuentas ahora que está grande y tiene muchos alumnos, ¿seguirá ese Ocampo? Todo era negocio con este fulano.

La conversación siguió casi toda la mañana, el problema fue que la pequeña cinta que llevé duraba una hora y quedo chico. Seguíamos charlando, seguía aprendiendo de este buen hombre, seguía deslumbrándome. Lo sorprendente es que en Huánuco es poco conocido, he entrado a varias páginas huanuqueñas y no lo nombran como un personaje, creo que deben reestructurar sus investigaciones, no todos por supuesto.
Hay partes que habla sobre China, la confusión del gobierno al apresarlo por confundirlo como dirigente de Sendero, su familia, más amigos, Oswaldo Reynoso, Washington Delgado, Julio Ramón Ribeyro…muchos más.

Hasta la próxima.

Elmer Rafael Castillo Díaz

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